La política y el “efecto boomerang”

La política, como la vida, da muchas vueltas. Hasta las palabras pronunciadas hace unos años son la sombra que te persiguen y pueden volverse en tu contra. El mejor ejemplo: Mariano Rajoy.

En los últimos días, hasta el aparentemente imperturbable e impasible Mariano Rajoy, comprobaba cómo el efecto boomerang también es posible en política. Todo lo que va, acaba volviendo; todo resultado -efecto-, tiene su causa. Para ilustrar el efecto boomerang de los últimos tiempos que ha abofeteado a Rajoy, políticamente hablando, basten dos ejemplos: el caos en la AP-6 y la insostenible situación política en que se encuentra Cataluña.

El Gobierno de España se ha visto claramente superado por la gestión de la nevada del pasado fin de semana que ha bloqueado, entre otras vías, la AP-6, dejando en la estacada a miles de conductores y familias. Hasta aquí, nada extraño en esta época. Es más, cabe decir que ningún fenómeno meteorológico es disponible por el Gobierno de turno. Faltaría más. Pero no es menos cierto que sí es previsible, y es obligación de las autoridades la puesta en marcha de los protocolos necesarios para mitigar los efectos de los fenómenos meteorológicos, en este caso, las consecuencias de una importante nevada, coincidiendo con la operación retorno tras las vacaciones navideñas.

Lo normal hubiera sido la ausencia de caos, pero de normal el actual Gobierno tiene poco; y tras no reconocer la incapacidad para gestionar la situación, optó por culpabilizar a otros: a los conductores. Ahora bien, si hubo conductores atrapados fue porque se les dejó transitar por una vía con riesgo de colapso. Y aquí, el Gobierno, también echa balones fuera para culpar otro tercero: la empresa concesionaria de la vía. Desde luego, la empresa privada que gestiona la autopista tiene un alto grado de responsabilidad en no tomar a tiempo las oportunas medidas (que tampoco le exigió la DGT), pero el Gobierno es el único responsable por un motivo central: no tener el control directo de las principales vías de comunicación del país, dejando su gestión en manos privadas.

No contentos con la mala gestión demostrada, añaden la falta de pudor para frivolizar sobre la misma. El director de la DGT, íntimo amigo del ministro Zoid0, ni siquiera se desplazó al centro de la DGT para seguir el caos circulatorio. El propio ministro del Interior, Zoido, estaba en el palco del Sevilla para seguir el derbi futbolístico mientras miles de españoles se quedaban atrapados. Tampoco el ministro de Fomento dio explicaciones a tiempo. Todo un despropósito. De seguir la “doctrina Rajoy en la oposición”, todos deberían haber dimitido ya. El efecto boomerang.

Pero la tormenta política no es sólo de origen meteorológico. También Rajoy ha probado de su propia medicina en Cataluña (otra vez, el efecto boomerang). Su partido, el Partido Popular, ha perdido la mayor parte de su representación parlamentaria, tanto que se deberá integrar en el Grupo Mixto. Los años de desdén que ha mostrado Rajoy hacia Cataluña le han sido devueltos en forma de varapalo electoral. Y no sólo, sino también le ha salido un duro competidor por la derecha: Ciudadanos. La hegemonía en la derecha -desde el centro hasta el extremo- que había tenido el PP desde más de 30 años, se esfuma por momentos.

No soy de los pocos que piensa que en el PP existía una estrategia clara por debilitar la posición predominante del PSOE en la izquierda española. Divide y vencerás, pensaron. Y sin que el origen de Podemos estuviera en el PP (al menos, lo considero poco verosímil), sí era posible identificar el interés del PP por alimentar la confrontación con los podemitas para, después, vender la marca “popular” como la única posibilidad para frenar la irrupción del denominado populismo en España.

La estrategia del gurú sociológico de la derecha española, Pedro Arriola, funcionó en primera instancia: el PP logró ser primera fuerza política en las elecciones generales de 2015 y 2016, tras la división de la izquierda en PSOE y Podemos. Eso, unido a las pocas ganas de Pablo Iglesias por hacer Presidente del Gobierno a Pedro Sánchez, con espectáculo incluido, hizo posible la continuidad de Rajoy en La Moncloa. Ahora, y tras casi dos años de aquéllo, Rajoy ve cómo una fuerza política alternativa a la suya le hace sombra y capta la atención del potencial votante popular. Vaya. Parece que a Rajoy no sólo puede fracasar en su intento para dividir a la izquierda a medio y largo plazo, toda vez que Podemos cotiza a la baja mientras el PSOE progresa, sino que también ha puesto en solfa a su partido, que puede convertirse en irrelevante si el liderazgo de Albert Rivera se consolida.

Ciertamente, confío poco en que el proyecto político de Ciudadanos sea duradero. Su construcción sobre pies de barro, tejiendo alianzas en las provincias con grupos regionalistas -en Salamanca, por ejemplo, con los integrantes de Unión del Pueblo Salmantino-, les hace perder su credibilidad a marchas forzadas. Bien es cierto que la marca ahora cotiza al alza, pero no sus ideas. Su éxito en las encuestas radica, entre otras cuestiones, porque sus ideas no se conocen; sólo los mensajes facilones y simples ideados por los gurús del marketing político, que no aguantan ni un asalto en el ring de la política seria. Pero, claro, no sé si estamos en un escenario de seriedad en la política nacional, donde el principal causante de este despiporre sigue siendo Presidente del Gobierno.

Veremos. Y, sobre todo, más efecto boomerang.

Foto: diario Expansión.

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