La dimisión de la número dos de Ciudadanos confirma que su pacto de la vergüenza con el PP se resume en un reparto de cargos y sueldos

Ciudadanos sigue empeñado en el “pacto de la vergüenza” haciendo oídos sordos y mirando hacia otro lado con la corrupción en el PP, la regeneración, la transparencia y la limpieza, tal y como ha corroborado hoy una de sus concejales electas en Salamanca con su dimisión tras reconocer sentirse ninguneada y apartada por haber mostrado su oposición a ese pacto de la vergüenza.

La formación naranja de Salamanca y de Castilla y León se vende por un plato de lentejas, desoye el mandato de las urnas, y se niega a propiciar el cambio pedido por los ciudadanos anteponiendo sus ambiciones económicas mediante la acumulación de sueldos, sus intereses particulares a los de Salamanca y sus vecinos y provocando inestabilidad tanto en las instituciones como en su propio partido.

La dimisión de María Mayoral, concejal electa por Ciudadanos como número dos en las listas de este partido antes incluso de tomar posesión, demuestra y confirma que el pacto entre esta formación no tiene credibilidad, no obedece a la búsqueda de la estabilidad institucional en el Ayuntamiento de Salamanca, ni a la mejora y el cambio en las políticas en beneficio de los salmantinos sino al puro mercadeo en el que solo importa el reparto de cargos, prebendas, sillones y poltronas, acompañado por los respectivos sueldos.

La dimisión de María Mayoral, motivada por el ninguneo y la marginación de la que ha sido víctima por sus propios compañeros de partido tras mostrar su oposición al “pacto de la vergüenza” con el PP, es un acto de dignidad por su parte que deja al descubierto y desenmascara al resto de concejales electos de Ciudadanos cuyo único interés ha sido el de asegurarse buenos sueldos y defender sus propios y particulares intereses por encima del beneficio y los intereses de Salamanca y de propiciar estabilidad política al Consistorio salmantino, políticas de cambio y de progreso, a favor de la limpieza y la transparencia en la política y la lucha contra la corrupción, el amiguismo y el clientelismo.

Resulta curioso, y llama poderosamente la atención, que haya sido María Mayoral, la única concejal de los cuatro electos de Ciudadanos que por su actividad profesional no depende económicamente de la política, la que se haya opuesto al “pacto de la vergüenza” con el PP, que haya sido ninguneada y apartada de todo poder de opinión y decisión por este motivo. Un hecho que confirma que en ese “pacto de la vergüenza” solo ha primado el interés económico personal del resto de concejales electos.

La incomodidad que provocaba el “pacto de la vergüenza” entre PP y Ciudadanos en Salamanca y en Castilla y León entre las filas de la formación naranja, era un secreto a voces y que ahora ha quedado confirmado con la dimisión conocida hoy. Los silencios cómplices de los representantes de Ciudadanos en Salamanca en torno al caso de presunta financiación ilegal de las primarias del PP en Castilla y León, donde fue “elegido” Alfonso Fernández Mañueco, al borde de la imputación por este asunto, han soliviantado a las bases del partido, que en ningún momento han sido consultadas sobre los pactos postelectorales, viendo que los compromisos, las promesas y lo manifestado en campaña por la formación de Ciudadanos y su candidatos se ha quedado todo en humo, papel mojado, donde dije digo ahora decir Diego en un claro y manifiesto engaño tanto a sus votantes como a la totalidad de los ciudadanos de Salamanca y de Castilla y León.

La situación personal de los concejales electos de Ciudadanos en Salamanca, que basan su supervivencia económica en la dedicación a la política, parece ser el motivo principal del pacto con el PP, visto los últimos acontecimientos. La promesa de sueldos y más asesores para Ciudadanos, ha sido determinante para que este partido haya sucumbido a la dinámica de la venta de su apoyo al PP a cambio de sillones bien remunerados en el Consistorio salmantino, o lo que es lo mismo, vender Salamanca y a los salmantinos por un plato de lentejas.

El hecho de que Ciudadanos haya vetado al PSOE en las conversaciones para hablar sobre el futuro del Gobierno municipal de la ciudad confirma además que no han querido dar a conocer este tipo de prebendas antes de la sesión de investidura del próximo sábado. Confirma que nunca han estado interesados en propiciar políticas progresistas en la ciudad, políticas de cambio, lucha contra la corrupción, el amiguismo y el clientelismo. El oscurantismo del “pacto de la vergüenza” con el PP, sin luz y sin taquígrafos, a espaldas y a escondidas de todos, incluso de sus propios cargos electos y de sus bases,  además de constituir una actitud antidemocrática, coloca a Ciudadanos y sus concejales electos en una posición de “escudo” de los representantes de la corrupción. Contradiciendo sus mensajes en campaña colocándoles en la más absoluta de las irrelevancias políticas.

Ante los últimos acontecimientos, los socialistas hacen públicas varias preguntas e interpelan a los concejales electos de Ciudadanos que quedan, con Ana Suarez y Fernando Castaño a la cabeza,  sobre lo que se siente tras confirmarse la traición a sus votantes y a sus propios compañeros apenas quince días después de las elecciones. Y si consideran justo el precio de saldo recibido por esta traición y por vender su dignidad.